ZAYED
La pantalla frente a mí tenía tres reportes financieros abiertos y yo llevaba veinte minutos mirando el mismo párrafo sin leerlo.
Me concentré. Volví al inicio del párrafo. Empecé a leer.
La puerta de mi oficina se abrió sin que nadie tocara.
Khalid.
Entró con esa seguridad de hermano menor que nunca ha aprendido a leer señales de “no quiero compañía” y se dejó caer en la silla frente a mi escritorio como si tuviera todo el tiempo del mundo.
—¿No deberías estar en tu luna de miel?
No r