MARIANA
—Apunta. —Caminaba por la habitación con el teléfono en alto y la cámara encendida, Gabi del otro lado tomando notas como loca—. Necesitamos floristería de primer nivel, nada de cadenas. Catering para mínimo cuatrocientos. Un coordinador local de confianza para los permisos. Y consigue tres opciones de salón antes del viernes, los más caros que encuentres. Esta gente no quiere bonito. Quiere que les duela la cuenta.
—Mari, eres una máquina. —Gabi tecleaba sin levantar la vista—. Pero te