MARIANA
Desperté tarde y sola.
La cama estaba hecha, los cojines acomodados, ni rastro de Zayed. Solo el aire de la habitación todavía con algo de él, y yo todavía con algo de la noche anterior: la mejilla, sus dedos, ese centímetro que no cruzamos. Me lo quité de encima como quien se sacude arena.
*Se fue temprano. Mejor. No tengo nada que decirle a la luz del día.*
Mentira. Tenía demasiado. Por eso era mejor que no estuviera.
El teléfono empezó a vibrar sobre la mesita. La pantalla decía "Mam