Sofía se quedó paralizada. Roldan se acercó para cubrirla con su cuerpo. Le pidió a su madre que se diera la vuelta sabiendo que la chica se sentía avergonzada.
—Le tienes pena a una mujer que tiene lo mismo tuyo y no a un hombre.
Dijo la señora para luego continuar sirviendo el café.
Roldan tomó en brazos a su mujer y la llevó a la habitación.
No paraba de reír silenciosamente.
—Esto no es gracioso.
Se quejó ella casi al borde del llanto.
Roldan la abrazó y la hizo sentir cómoda. Al final