Sofía dejó la puerta abierta y salió corriendo. Fue directo al ascensor, para entonces las lágrimas escurrían como cascadas y sus labios temblaban de decepción.
—Esa mujer de pelo rubio debe ser tu esposa. Claro, que tonta fui al creer que te estabas divorciando de ella.
Habló en voz baja y rechinando los dientes mientras esperaba ansiosa a que la persona que estaba ocupando el ascensor lo desocupara pronto.
Se recostó sobre la pared, sus piernas temblaban y era necesario sostenerse para no c