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Cárlenton insistió en que le diera una respuesta. Entonces lo complací, le dije que el bebé en mi vientre no es su hijo. Sino que del hermano de mi amigo.

Los colores se le fueron, su rostro cabizbajo demostraba que esa no era la respuesta que esperaba.

Pero yo tenía que divertirme por mientras pensaba bien las cosas, el futuro de mi hijo estaba en juego, era quedármelo o que su padre me lo quitara para criarlo junto al de la rubia oxigenada.

Lo que me sorprendió fue que dijo con sinceridad que hubiera deseado que fuera suyo. Por un momento sentí un pinchazo en mi corazón de pollo, pero no, no me quiero doblegar ante el hombre que solo me utilizó para tener sexo y luego restregarme a su verdadero amor en la cara.

Después de mi respuesta, su modo cambió. Pronto se despidió con la excusa de que tenía que volver al trabajo.

Pensé que me pediría que nos volviéramos a encontrar, pero no. Él muy desgraciado se despidió de mano y me deseó suerte en mi vida.

Yo no lo podía creer, guardaba
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