En la clínica…
Finalmente, Eduardo se armó de valor y entró a la sala donde su mujer está recibiendo atención médica.
Va con el corazón en la mano y ya escucha en su mente los reclamos que su mujer le hará.
Para él, es un alivio encontrarla dormida, acercó una silla hasta la camilla y la tomó de la mano para llevarla a sus labios y darle un beso mientras gruesas lágrimas se escapan de sus ojos.
—Mi bella pelirroja, no sabes cuánto me duele, verte en esta situación. Perdóname cariño mío, sé qu