Eduardo sonrió. Se lanzó encima de ella y la besó, a cambio recibió una mordida que dejó su labio doliendo y con una gota de sangre saliendo.
—Tu boca dice una cosa, pero tu corazón y tus sentimientos dicen otra, tú me amas, cariño. Lo he notado cuando te beso y... te toco. —Me amas, pero tu orgullo de mujer no te deja aceptarlo.
—Estás muy equivocado. Mira, si es por mí que vas a dejar de casarte, no lo hagas, no pierdas tu tiempo en rogarme, mejor aprovecha la oportunidad que la vida te da p