Erik y Kristen llegaron al antiguo departamento de Jennifer, con la determinación reflejada en sus rostros. El edificio lucía viejo, con las paredes desconchadas y un aire de abandono que se percibía en el ambiente. Al llegar al vestíbulo, una mujer robusta, con el cabello recogido en un moño desordenado y expresión severa, los detuvo.
—¿Qué buscan? —preguntó la portera, con voz rasposa y mirada recelosa.
—Queremos entrar al departamento de Jennifer —contestó Erik, sin rodeos—. Sabemos que ella