Los secuestradores miraban a Kristen y Sofía con ojos amenazantes. Uno de ellos sostenía a Kristen, mientras que el otro le apuntaba a Erik.
—Díganle adiós —se burló uno, con una sonrisa cruel.
Kristen, temblando pero firme, apenas susurró.
—Erik... no...
Pero Erik, con una mirada implacable, aprovechó el mínimo parpadeo de uno de ellos. Con un movimiento rápido, se lanzó sobre el que estaba más cerca, y en un instante, lo derribó al suelo con un golpe seco. El hombre gruñó, tratando de levanta