La semana pasó y poco a poco el sueño de Emilia de tener una guardería en la empresa de Adrian se fue volviendo realidad ante sus ojos.
Adrian casi no intervino en aquello, dejando que la azabache tuviera voluntad propia, que ella tomara las decisiones junto con la ayuda de su secretaria.
Porque le encantaba verla así, diligente, entusiasta y visionaria.
Era una Emilia feliz, que había perdido ese dejo de tristeza que siempre estaba en su mirada azul como un velo gris delante de sus ojos. Ahora