-Señor, disculpe mi insistencia en el tema, pero estamos preocupados por el juicio, se acerca el día y no estamos teniendo las cosas de nuestro lado- exclamó el abogado de la empresa.
Adrian parecía muy lejos de allí, con la mirada lejana. No había estado escuchando los últimos minutos del discurso interminable del hombre, no podía dejar de desviar su mirada avellana hacia el reloj de pared.
Ya habían pasado dos horas desde que había dejado a Emilia con los niños dando vueltas por el edificio,