Emilia se sentó contra el respaldo de madera de la cama, apoyando la cabeza de su niño sobre sus piernas, acariciando su cabello azabache, enrollando sus mechones entre sus dedos.
En ese momento todo era paz en el caos de su vida, su niño siempre le hacía bajar los pies a la tierra y recordar porque estaba luchando.
Sonrió de lado, viendo como descansaba tranquilo ajeno a todo el mal que sucedía a su alrededor.
La azabache sintió que sus ojos comenzaban a pesar y que sus párpados querían cerrar