Adrian caminaba de una punta a la otra del living como si fuera un animal enjaulado.
Valentina lo seguía con la mirada preocupada por su amado que no había dejado de caminar desde que su padre se había encerrado en su despacho hace tan solo 15 minutos pero que se sentían eternos.
Ambos estaban esperando ansiosos a que saliera y dijera si había conseguido la ubicación de Emilia y su hijo gracias a uno de sus contactos.
Solo quedaba rezar que su padre pudiera usar a sus amigos en la ley y fueran