★ Daniel
Mariana ni siquiera vino por Andrea y la pobre niña terminó desparramada en la cama de Amelia. Amelia, con su dulzura de siempre, se acercó apenas vio a la pequeña dormida y me preguntó con esa vocecita que todavía arrastra sueño si podía dormir conmigo. Le dije que sí, claro, y la llevé a la cama sin pensarlo. Ella apoyó su cabeza en mi pecho, abrazó mi costado, musitó algo que no entendí y se quedó dormida antes de que yo pudiera acomodarle el cabello.
Yo, por mi parte, no pude dormi