★ Amelia
Desde que la abuela Carmen me dejó en casa, todo había estado tan bonito que parecía un sueño. Papi me abrazó fuerte cuando me vio entrar y mami Lulú estaba en la cocina con esa sonrisa que solo saca cuando está feliz de verdad; tenía harina en la nariz y los hot cakes olían tan rico que mi estómago sonó solito, y ella se rió y me dijo “ven, mi niña, siéntate aquí”, y yo me senté y me comí tres porque estaban suaves y calientitos y sabían mejor que los que venden en los restaurantes. P