★ Lulú
—¿De verdad vas a seguir evitándome? —fue lo primero que escuché detrás de mí mientras recogía los juguetes que Amelia había dejado regados por la sala.
No necesito ni un segundo para reconocer esa voz.
Y con ese tono que usa cuando intenta sonar tranquilo, pero en el fondo está más tenso que el elástico de un calzón barato.
—No te estoy evitando —respondí, sin voltearme.
O sea, sí lo estaba haciendo, pero tampoco lo iba a confesar tan rápido.
—Lulú… —su respiración me rozó la nuca, caliente y cerquita—. Me estás evitando desde ayer.
—No —insistí mientras levantaba una muñeca con el pelo hecho nudo—. Solo estoy ocupada.
—Ah, sí, claro… súper ocupada peleando con un unicornio de peluche —refutó.
Me giré para mirarlo mal. Error. Porque el muy desgraciado me estaba viendo con esa sonrisa de medio lado que siempre me derrite la dignidad.
—¿Qué quieres, Daniel? —pregunté, sin esfuerzo por sonar amable.
Él soltó aire, como si llevara horas conteniéndose.
—Quiero hablar contigo. Bien.