★Amelia
—¿Papi…? —pregunté, pero todavía con la voz chiquita, como cuando sueño feo.
No abrí los ojos. No quería abrirlos. Sentía las cobijas arriba de mi cabeza, calientitas, y quería quedarme ahí para siempre.
—¿Estás despierta, mi amor? —dijo mi papi, cerquita. Tenía su voz suave, como cuando no quiere que yo llore.
—No… —murmuré, apretando los ojos más fuerte.
—Amelia… —sentí su mano en mi frente, tibiecita. Luego su beso. Ese que siempre me da en las mañanas antes de ir a trabajar—. Te amo