Capítulo 24. Regreso a casa.
El regreso a casa fue agitado al inicio, aunque enseguida tomó un ambiente silencioso, propio del cansancio acumulado del fin de semana.
Los gemelos apenas bostezaban sin dejar de abrazar los tesoros que habían recogido en la montaña: ramas lisas que parecían bastones mágicos, piedras con formas caprichosas, hojas secas de colores brillantes y, por supuesto, los dibujos que habían realizado durante la acampada.
—Hogar, dulce hogar —murmuró Liam al apagar el motor del auto.
Emma, en el asiento trasero, entre los gemelos, giró para ayudarlos a desabrocharse las correas de sus sillitas. Matt tenía las manos llenas de piedritas que no quería soltar mientras Lucas apretaba contra su pecho un cuaderno con dibujos de ciervos, estrellas y dragones.
—Despacio, que no se nos caiga nada —dijo Emma con ternura mientras los ayudaba a bajar.
Al entrar en la casa, los recibieron los aromas familiares a galletas y madera. Todo parecía más cálido y más íntimo después de haber pasado una noche al aire