Cuando llego a nuestro destino, subo hasta mi oficina donde ya me está esperando Dunyasha y por la expresión de su rostro, me imagino que no son tan buenas noticias.
—¡Buenas noches, Dunyasha! ¿Qué noticias me tienes? —Inquiero tomando asiento.
—¡Buenas noches, joven Carluccio! Puede llamarme Yasha, ya se lo había comentado. Con respecto a lo otro aun no damos con la mente maestra detrás de todo esto, pero la buena noticia es que ya he comenzado a descartar varios lugares que me arrojaba como pu