Alex se gira y me mira con los ojos entrecerrados. Les hace unas señas a sus hombres y estos nos dan un poco de privacidad al darse la vuelta y mirar hacia el horizonte.
—¿Sabes usar armas, Liza? —inquiere con los labios apretados.
—Y-yo… Es que b-bueno, sí, bombón —le confieso con la mirada baja—. Sé usarlas desde hace años, pero al verte tan emocionado me daba pena confesártelo.
—¿Entonces todo este tiempo estuviste fingiendo?
—Sí, pero fue por una buena causa —me mira con el entrecejo fruncid