El ruido de los tacones de Regina resonó en el pasillo de la prisión mientras avanzaba con una determinación gélida. Su postura firme y su mirada helada no daban lugar a dudas: no estaba allí para ofrecer consuelo ni comprensión.
Cuando llegó frente a Katherine, esta última no hizo ninguna expresión. No hubo una sonrisa sarcástica ni una mirada desafiante, ni siquiera una mueca de desprecio. Simplemente se quedó sentada, con la espalda apoyada en el respaldo del asiento, observándola con una in