El celular de Katherine permaneció en silencio. Royal no respondía, ni siquiera dejaba en visto los mensajes.
«No. No puede hacerme esto.» pensó ella, con la ansiedad revolviéndole el estómago.
Cerró los ojos con frustración y volvió a intentarlo, mordiéndose las uñas. Marcó de nuevo. Una vez. Dos veces. Tres veces. Finalmente, después de tantos intentos, la llamada se conectó.
—¿Qué quieres, Katherine? —la voz de Royal sonó fría e impaciente. Al final, decidió responder porque pensó que quizás