Royal sostuvo la mirada de su madre sin titubear.
—Estoy dispuesto a proteger a mi esposa de cualquiera que intente lastimarla. Incluso si ese "cualquiera" eres tú.
Regina tardó unos segundos en reaccionar. Apretó los puños y negó con la cabeza, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.
—Tienes una casa, madre —continuó Royal—. La misma que mi padre dejó para ti. No estarás en la calle, y no estarás sola. Puedes visitarme cuando quieras, puedes venir a ver a Coral siempre que desees.