—Creo que, aun si me quedaba, Coral sería más apegada a ti que a mí —comentó Katherine con una sonrisa—. Es bello ver a un hombre tan cariñoso con su hija.
—Eso no podemos saberlo, no hay manera.
—Sí, porque me fui, ¿no? —resaltó Katherine—. ¿En verdad lo estarás sacando a flote a cada rato?
—Si no quieres escuchar, no digas tantas estupideces —impuso Royal—. Pero ¿sabes?, tal vez, al final, que te hayas ido fue lo mejor. Gracias a eso, Kisa llegó a mi vida. Ella se ha convertido en una verda