A MERCED DEL DINERO. C258: Finalmente nos conocemos.
Un par de días después, mientras el aire de la tarde se colaba por las rendijas de las ventanas y el silencio del vecindario se imponía, Marfil escuchó de pronto que golpeaban la puerta.
Se quedó inmóvil unos segundos, con el ceño fruncido. No estaba esperando a nadie, y hasta donde recordaba, tampoco había mencionado su dirección a otra persona aparte de Kisa.
Sintió una punzada de incomodidad en el estómago. Caminó hacia la puerta con cautela, entreabriéndola al principio, y al ver quién esta