A MERCED DEL DINERO. C169: Yo no tengo prisa.
—Lucas, no importa cuánto intentes sentir algo por ella —agregó Marfil—. No lo lograrás, porque el amor no nace a la fuerza. No se fabrica ni se impone. Y tú… tú todavía me amas. Lo sé, lo sabes, y por más que lo niegues, no podrás arrancarme de tu memoria tan fácilmente. Esa será tu condena. Que me ames sin remedio, incluso cuando ya no puedas tenerme.
Y así se fue, dejando tras de sí un rastro invisible de caos que Lucas no supo cómo apagar. Se quedó quieto, como si cada palabra hubiese ancla