A MERCED DEL DINERO. C112: El único culpable aquí soy yo.
Richard fue tras Abigail, quien caminaba apresuradamente, derramando lágrimas mientras lo hacía.
—¡Abigail! —la llamó él, pero ella no se detuvo.
Su paso era rápido, desesperado, como si quisiera alejarse lo más posible de la escena que acababa de presenciar. Richard aceleró hasta alcanzarla y, en un intento por frenarla, sujetó con suavidad su muñeca. Abigail se resistió al principio, pero él no la soltó.
—Por favor, escúchame —le rogó.
Abigail alzó la mirada hacia él. Sus ojos estaban llenos