Sabía que el pequeño no tenía la culpa de lo que su padre había hecho, pero, apenas había podido sobrevivir criando a mi sobrino, tener a otro niño, seria complicado. Sobre todo, cuando quiero olvidarme de la existencia de los hombres lobos.
— No puedo llevarte, lo siento — digo para después mirar a Zaid — ¿Estas listo? —pregunto y Zaid asiente.
— Estoy listo, mamá.
— Vamos — digo tomando su mano y saliendo de la habitación.
Es allí, cuando veo al señor Holftmann con su ropa llena de sangre y