Sabía que ser la Luna de una manada, no debía ser fácil. No tenía punto de referencia para saber ello, pero, lo sospechaba. Después de todo, no era normal ser la esposa del lobo más fuerte de la manada y quedarse en casa a tejer.
Pero, la tensión del señor Holftmann, no era algo normal. Lo que decía ese lobo era algo delicado, tan delicado que me ha mantenido en la ignorancia. Dios, más normas que asfixian.
— ¿A qué te refieres? — pregunto confundida.
— ¿No te lo ha dicho? — pregunta el chico e