Estaban contra el reloj, Terry sabía que no iba a ser sencillo. Pero, al no ver la gran puerta en ninguna parte de la casa y aún así, ver a Gustav corriendo hacia ellos, le decía que el futuro donde morían antes de tocar a los rehenes, se hacía realidad.
— Vamos a morir, si no hacemos algo vamos a morir — dice Terry en una voz
— bastante histérica.
— Ah, ahora si estas notando la falla en el problema. Tarde, muy tarde, pero, al menos lo hiciste.
— Dejen de hablar y que cada uno haga su traba