Estaba en problemas. Era evidente por su rostro serio y sus manos sujetando las mías contra la pared, de que estaba ofendido por lo que había dicho, pero, ¿Cómo más puedo decirle que no es posible que un hombre lobo y una humana hayan nacido para “conectarse”?
— Dime, Charlotte. Demuestra que eres inteligente para justificar lo que acabas de decir — me reta el señor Holftmann con seriedad.
— Seamos realistas.
— Y tú deja de ser racista
— ¿Racista? ¿Así se llama resaltar que somos de mundos tan