El coche se detuvo frente al colegio.
Fabián abrió los ojos con asombro al ver la inmensa estructura que se alzaba ante él.
—¡Wow! Qué grande es.
Valeria sonrió al escucharlo.
Isabella bajó primero del coche y abrió la puerta trasera. Ayudó a su hijo a bajar, mientras Valeria descendía también, con movimientos lentos y parsimoniosos. Acostumbrada siempre a ser el centro de atención.
—Mira, mamita… —susurró Fabián, impresionado—. Mira cuantos niños hay.
—Sí, mi amor. Aquí tendrás muc