El día del alta médica llegó teñido de un gris plomizo. Alessandro cruzó las puertas del hospital con el rostro rígido, la frente cruzada por las suturas y el brazo derecho rígidamente inmovilizado por el yeso. Emma caminaba a su lado, pero la verdadera tormenta se desató cuando el magnate divisó la silueta que lo esperaba junto a la salida principal: Bianca seguía allí, con la misma ropa arrugada y los ojos inyectados en llanto, negándose a rendirse.
Al verlo salir, Bianca dio un paso al f