El viaje de regreso a los suburbios marginales fue el trayecto más largo, lúgubre y tortuoso de toda su vida. Con las maletas mal cerradas, las cremalleras a punto de reventar por la ropa metida a la fuerza y la dignidad hecha jirones, Bianca caminó por las calles agrietadas, sucias y mal iluminadas que alguna vez, en un arranque de ilusoria esperanza, creyó haber dejado atrás para siempre. Cada paso que daba sobre el asfalto frío la alejaba del lujo, del aroma a madera de la mansión Riva y, s