El llanto de Bianca fue cesando poco a poco, sustituido por pequeños suspiros atrapados en su pecho mientras Alessandro continuaba acariciándole la espalda, reacio a soltarla. Cuando por fin se separaron, la cena que ella había preparado con tanto esmero ya estaba lista, pero la atmósfera de la cocina había cambiado por completo. La tensión se había disipado, dejando en su lugar una intimidad cruda y expuesta.
Alessandro, recuperando un poco de su habitual pragmatismo, comenzó a sugerir que ll