—Te lo explicaré… Te lo explicaré todo luego, Alessandro, por favor, ahora no —alcanzó a decir Bianca con la voz quebrada.
El pánico se le había instalado en la garganta, dejándole un sabor amargo y seco. Intentó dar un paso hacia atrás, buscando desesperadamente un centímetro de espacio para respirar, para ordenar sus pensamientos, pero la inmensidad de la cocina parecía haberse reducido a un callejón sin salida.
—No hay un luego, Bianca. Me lo vas a decir ahora mismo —le exigió él, implacab