Capítulo 34

La madrugada avanzaba implacable cuando los faros de un taxi iluminaron brevemente la fachada de la imponente mansión Riva. Bianca bajó del vehículo arrastrando los pies, balanceándose sobre sus tacones y con una sonrisa traviesa dibujada en el rostro, completamente impregnada por el olor a diversión, las risas compartidas con Lola y una buena dosis de alcohol. Logró burlar la seguridad de la entrada con un saludo exagerado y cruzó el umbral principal a trompicones, sintiéndose la dueña del mu
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