El hombre de la discoteca no tomó nada bien el sutil empujón con el que Bianca intentó apartarlo. En lugar de retirarse, su sonrisa se transformó en una mueca de arrogancia y comenzó a propasarse, ignorando por completo la evidente incomodidad de la joven. Bianca se movió hacia la barra intentando perderlo entre la multitud, pero el sujeto continuó cazándola, acorralándola contra la barra mientras le decía vulgaridades al oído. Con los efectos del alcohol nublándole el juicio y la paciencia com