Los pasos del magnate resonaban como golpes de martillo contra el piso, y cada centímetro que acortaba aumentaba la presión en el aire hasta volverlo insoportable. Alessandro enloqueció por completo; la fina capa de control aristocrático, esa compostura fría y metódica que siempre lo había caracterizado ante el mundo, se desintegró en un segundo, dando paso a una tormenta salvaje de celos irracionales que ni su propia mente analítica era capaz de frenar. Amparándose bajo el escudo de sus estric