Capítulo 27

Una vez que la imponente puerta de caoba del despacho se cerró a sus espaldas, Bianca avanzó a paso rápido por el pasillo. Sus tacones resonaban con un eco seco en el vacío de la galería, pero ella no se detuvo hasta asegurarse de haber dejado una distancia prudencial, lo suficientemente lejos como para que sus voces no pudieran ser escuchadas por el oído absoluto de Alessandro. Finalmente, se plantó cerca de una de las grandes columnas de mármol blanco y se giró sobre sus talones para encarar
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