El aire en la sala de espera del centro médico privado era denso, impregnado de ese característico aroma a antiséptico, alcohol y cera de piso. Para Bianca, las semanas se habían convertido en un ejercicio de supervivencia pura. Estaba sentada en uno de los amplios sillones de cuero sintético, con una mano apoyada de forma instintiva sobre su vientre. Ya no había dudas ni prendas holgadas que lograran camuflarlo: a los pocos meses de gestación, la curva de su pancita se delineaba con una clari