Bianca regresó al imponente rascacielos del holding para su siguiente turno con el alma suspendida en un hilo fino y transparente. El uniforme azul le pesaba más que el día anterior, pero no por el esfuerzo físico, sino por la tormenta silenciosa que rugía dentro de su cabeza.
Caminaba por los pasillos alfombrados empujando el carrito de limpieza de manera automática, completamente distraída, con la mirada perdida en el reflejo de los ventanales.
La propuesta de Lola seguía flotando en su ment