El estrecho baño del departamento se sintió de pronto más pequeño y asfixiante que una celda de castigo. Las cinco pruebas caseras seguían perfectamente alineadas sobre la tapa del retrete, mostrando sus implacables líneas rosadas con una nitidez casi cruel, mientras el pánico se propagaba por el aire como un incendio forestal fuera de control. Bianca y Lola se miraban la una a la otra con los ojos desorbitados, las respiraciones entrecortadas y las manos temblorosas, atrapadas en un torbellin