Bianca colgó el teléfono con una lentitud que denotaba el peso de su asombro, dejando caer la mano al costado de su cuerpo como si el aparato de pronto se hubiera transformado en una tonelada de plomo. El silencio se instaló en el pequeño departamento, un silencio denso y punzante que contrastaba con el bullicio habitual del barrio. Lola, que la observaba desde la cocina con una sonrisa expectante y los ojos brillando de ilusión, notó de inmediato la metamorfosis en el rostro de su amiga. La p