Los espasmos finalmente cesaron, dejando a Bianca apoyada contra la porcelana fría del retrete, respirando entrecortadamente y con la frente perlada de sudor frío. Lola estiró la mano para alcanzar un trozo de papel, lo humedeció un poco en el lavabo y se lo pasó con suavidad por los labios a su amiga, sin quitarle la mirada de encima.
Lola se sentó en los talones, cruzándose de brazos, y soltó la pregunta en un susurro temeroso:
—Bianca... dime una cosa. ¿Cuándo fue tu última regla? ¿No ser