Capítulo V. El secuestro de una Luna dormida.
Arcel.
- “¡Mate!”- la había encontrado, ese olor a roció, y hierba humedad, tan increíblemente delicioso, me lo decía.
Mi lobo gruñía fuertemente excitado, mientras saltaba dentro de mí, lo sabía, sabía que la habíamos encontrado, mi corazón bombeaba sangre tan fuerte, que hasta podía oírlo. Los ruidos de mi alrededor se atenuaron, mientas mis oídos y mi olfato se agudizaban buscándola.
- “Encuéntrala, nos pertenece. Es nuestra.”- gruño mi lobo en mi interior.
No pensaba desobedecer su ord