A Gianna se le revolvió el estómago. Una cosa era saber que tu pareja tenía un pasado sexual bastante destacado y otra muy diferente poder verla con tanta claridad; además, sentir lo que él sintió, cuánto lo disfrutó.
Gianna se reconocía bonita, no se consideraba poseedora de una belleza abrumadora como Irene, pero sabía que tenía lo «suyo». Sin embargo, sólo era una loba que había sido rechazada gran parte de su vida, algunas inseguridades habitaban en su pecho.
—Gianna —llamó Darragh mientra