Inglaterra los recibió pasada la medianoche.
Gianna no podía dar crédito a lo que sus ojos veían a través de la ventanilla del avión privado. Todo el cielo estaba oscuro y, en la tierra, las luces de la mágica ciudad de Londres se extendían como un mar infinito.
Era el primer vuelo en avión para la loba, aunque se trataba de un jet privado que pertenecía a la compañía. Al parecer su primer vuelo comercial todavía tendría esperar y quizá por mucho tiempo; los Ashbourne jamás habían usado uno.