Gianna palideció. El muro mental de Darragh se desplomó por la impresión de verla ahí, pero ella ni quiso indagar en sus pensamientos.
—Yo…
—¡Oh! —exclamó Cornelia y bajó con un delicado salto del escritorio—. Perdón, ¿tenían una reunión?
—Gianna… —empezó Darragh—. Puedo explicarlo.
«Puedo explicarlo», esas dos frases hicieron hervir la sangre en Gianna. La loba apretó los puños, respiró hondo y dijo:
—Me confundí, disculpen.
Gianna retrocedió, cerró la puerta y giró sobre los talones. Beth, q